sábado, 13 de julio de 2019

Lima


Una ciudad muy grande por diversa y muy pequeña por saturada. Es la primera visión que puede tener un visitante que vivió aquí toda su vida y que probablemente nunca termine de conocerla. Es tan hermosa cuando la miras con ojos de enamorado, por su gente amable, riqueza cultural, congregación de sangres, colores de piel y tan estresante, hoy ya por todo aquello que la convierte en un frasco pequeño y saturado, la violencia, el tráfico, el ruido, la contaminación, la poca paciencia de su gente, cada vez menos tolerantes…

¿Son buenos tiempos? ¿Son tiempos difíciles? ¿Estuvimos mejor alguna vez? ¿Podemos estar peor? Son preguntas que tal vez, opiniones de distinta gente, diariamente se lanzan a resolver. Quisiera tener más argumentos para que estas líneas tuvieran un matiz más colorido y alegre, tal vez soy un ciudadano muy concentrado y observador de aquellas cosas que hoy nos están agobiando, tal vez estoy mirando el vaso medio vacío, cuando tal vez, solo tal vez, el vaso realmente está medio lleno.

Haré un esfuerzo y me concentraré en lo positivo, me concentraré en Lima la hermosa, aquella donde encontramos gente muy alegre, desbordante, que pone la música a volumen muy alto cuando está en casa, tal vez haciendo la limpieza o preparando el rico almuerzo del domingo en familia.  Me concentraré en las familias que a pesar de todas aquellas modernidades que se van incorporando a nuestras vidas, se resisten a perder las buenas costumbres y tradiciones familiares. Existen muchas familias así, que le dan esa alegría y color a nuestra Lima, están por todos lados, en los distritos acomodados y en los distritos pobres de nuestra ciudad. Existen los grupos de amigos que se reúnen domingo a domingo para jugar al fulbito y otros pocos deportes, pero que al final es el pretexto para compartir entre amigos de un merecido descanso. Existen todavía aquellos que salen de sus casas con una amplia sonrisa, saludando a diestra y siniestra a todo el vecindario. Existen los grupos de danzas, sobre todo en los conos, que se reúnen de tarde o noche simplemente para danzar, simplemente para ser felices viviendo las culturas de nuestros padres, abuelos y bisabuelos. Existen también esos grupos de amigos(as) que se reúnen para salir a pasear por algún centro comercial y hacer de ella una bonita tarde rodeada de selfies y modernidades. Existen las tardes de teatro, aquel teatro que lucha por estar en todas las clases sociales y no solamente en las acomodadas. Existen las bandas de rock, las orquestas de salsa, los músicos del reguetón que ya hoy son parte de la variopinta cultura limeña, todos queriendo expresar sus emociones y libertades. Hoy caminamos o viajamos por toda nuestra Lima y los de buen diente, somos muy pero muy felices, hay una amplia mesa a nuestro placer, hemos crecido mucho en la gastronomía, pero a la vez hay que ser muy avispado para encontrar aquellos lugares que te dejarán exhausto sin dejarte con la billetera vacía, hay de todo para los más exigentes paladares y billeteras.

Nos faltan cosas en nuestra ciudad para ser más felices, seguramente que sí, pero lo que más me agrada es que con lo que hay alcanza para ser felices, debemos esforzarnos más en disfrutar de aquello que está muy cerca y a nuestro alcance, disfrutar de nuestra Lima.

Seguramente en este post quedarán muchas variedades de las que siquiera he mencionado, entonces es donde ustedes, aquellos que me brinden unos minutos de su tiempo, me ayudarán con sus comentarios a ponerlas aquí y enriquecer este muy pequeño resumen de nuestra ciudad de Lima.