Una ciudad muy grande por diversa y muy pequeña por
saturada. Es la primera visión que puede tener un visitante que vivió aquí toda
su vida y que probablemente nunca termine de conocerla. Es tan hermosa cuando
la miras con ojos de enamorado, por su gente amable, riqueza cultural,
congregación de sangres, colores de piel y tan estresante, hoy ya por todo aquello
que la convierte en un frasco pequeño y saturado, la violencia, el tráfico, el
ruido, la contaminación, la poca paciencia de su gente, cada vez menos
tolerantes…
¿Son buenos tiempos? ¿Son tiempos difíciles? ¿Estuvimos
mejor alguna vez? ¿Podemos estar peor? Son preguntas que tal vez, opiniones de distinta
gente, diariamente se lanzan a resolver. Quisiera tener más argumentos para que
estas líneas tuvieran un matiz más colorido y alegre, tal vez soy un ciudadano
muy concentrado y observador de aquellas cosas que hoy nos están agobiando, tal
vez estoy mirando el vaso medio vacío, cuando tal vez, solo tal vez, el vaso
realmente está medio lleno.
Haré un esfuerzo y me concentraré en lo positivo, me
concentraré en Lima la hermosa, aquella donde encontramos gente muy alegre, desbordante,
que pone la música a volumen muy alto cuando está en casa, tal vez haciendo la
limpieza o preparando el rico almuerzo del domingo en familia. Me concentraré en las familias que a pesar de
todas aquellas modernidades que se van incorporando a nuestras vidas, se
resisten a perder las buenas costumbres y tradiciones familiares. Existen muchas
familias así, que le dan esa alegría y color a nuestra Lima, están por todos
lados, en los distritos acomodados y en los distritos pobres de nuestra ciudad.
Existen los grupos de amigos que se reúnen domingo a domingo para jugar al
fulbito y otros pocos deportes, pero que al final es el pretexto para compartir
entre amigos de un merecido descanso. Existen todavía aquellos que salen de sus
casas con una amplia sonrisa, saludando a diestra y siniestra a todo el
vecindario. Existen los grupos de danzas, sobre todo en los conos, que se
reúnen de tarde o noche simplemente para danzar, simplemente para ser felices
viviendo las culturas de nuestros padres, abuelos y bisabuelos. Existen también
esos grupos de amigos(as) que se reúnen para salir a pasear por algún centro
comercial y hacer de ella una bonita tarde rodeada de selfies y modernidades.
Existen las tardes de teatro, aquel teatro que lucha por estar en todas las
clases sociales y no solamente en las acomodadas. Existen las bandas de rock, las
orquestas de salsa, los músicos del reguetón que ya hoy son parte de la
variopinta cultura limeña, todos queriendo expresar sus emociones y libertades.
Hoy caminamos o viajamos por toda nuestra Lima y los de buen diente, somos muy
pero muy felices, hay una amplia mesa a nuestro placer, hemos crecido mucho en
la gastronomía, pero a la vez hay que ser muy avispado para encontrar aquellos
lugares que te dejarán exhausto sin dejarte con la billetera vacía, hay de todo
para los más exigentes paladares y billeteras.
Nos faltan cosas en nuestra ciudad para ser más felices,
seguramente que sí, pero lo que más me agrada es que con lo que hay alcanza
para ser felices, debemos esforzarnos más en disfrutar de aquello que está muy
cerca y a nuestro alcance, disfrutar de nuestra Lima.
Seguramente en este post quedarán muchas variedades de las
que siquiera he mencionado, entonces es donde ustedes, aquellos que me brinden
unos minutos de su tiempo, me ayudarán con sus comentarios a ponerlas aquí y
enriquecer este muy pequeño resumen de nuestra ciudad de Lima.
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